SOY MAMÁ DE DOS

Cuando quede en embarazo de Nico, mi primer bebé, ya tenía título de “mamá perruna”, a este ser “peludito” y de 4 patas la llamamos Olivia Toledo 5 años atrás. 

Mientras mi barriguita crecía, recibí varios comentarios acerca de cómo la relación con mi “mascota” cambiaría una vez tuviera a mi hijo en brazos. Esos comentarios prometían una separación y un desinterés tal que asustaban a mi mente inquieta imaginándolo todo. Llegaban con tanta facilidad, tan comunes y tan constantes por parte de conocidos o simplemente personas que veían y entendían el tipo de relación que sostenía con Oli que en algún momento llegaron a preocuparme.

Mi hija de 4 patas y quien me dio un primer título de “mamá” que en nuestra sociedad no se hace tan oficial, me enseñó de tantos valores y tantos sentimientos que desde un principio prometí a mi misma ser tan cierta y tal leal en la misma manera que ellos crecieron en mi corazón. “Cuando a un corazón se le enseña de lealtad, no hay cabida para traicionar lo que lo hace palpitar”, en este caso no me veía a mi misma de alguna manera traicionando esa relación que con los años en compañía construimos y a mi vida personal y en familia le han aportado tanto. Más fácil, le abriría cabida a un corazón para amar a dos seres por igual.
Por mi parte deje que cada comentario llegara y me prometí a mi misma ignorarlos, pues tengo muy claro de lo que estoy hecha, lo que quiero infundir en mi hogar y seguir cultivando en nuestro estilo de vida. 
Así llegó mi segundo hijo, Nicholas Toledo, aquel día fue solo experimentar el primer acercamiento entre ambos cuando lo trajimos a casa del hospital para darme cuenta de lo perfecta que es la naturaleza, aunque todavía muy pequeño para que pudiera ver la emoción de otro ser que lo recibía con más o igual emoción que nosotros, hizo que la expectativa de dicho momento fuera premiada con un acto de tanta ternura y felicidad por parte de Oli que quedara grabada en nuestro corazón, en un vídeo y en una experiencia para recordar por siempre. Recuerdo que ese día pusimos a Nico en el suelo, todavía acostado en la silla del carro y con un día de nacido; Oli que estaba muy curiosa y extremadamente alegre, se acercó a olfatearlo mientras le decíamos: “Oli, ya nació Nico, tu hermanito” Nosotros entre en el medio de tanta emoción tratábamos de guiar a Oli para que no se le lanzara fuertemente a Nico como suele hacerlo con nosotros y al misma vez dejando que a su ritmo nos mostrará su reacción, la cual esperamos desde que nos enteramos que Nico crecía dentro de mi. 

Oli fue tan sutil y tan clara con su reacción, que se acercó suavemente a olfatearlo y nosotros quienes la felicitábamos en medio de tanta alegría por el hecho, se escabulló por un segundo y nos sorprendió trayéndole su juguete favorito (un hueso) a Nico y poniéndoselo en sus piernitas.

Mientras escribo estas líneas, muchos sentimientos de este momento vuelven a mi en forma de gratitud y recordándome el inicio de una amistad que entre ellos nació desde el primer día para quedarse por siempre y que en mi corazón de madre hubiera nunca hubiera  negado a ninguno de los dos.
La historia de esta etapa de mi vida de ser madre por segunda vez, ha tenido toda la lealtad y la compañía de Oli desde que llego a mi vida, pero ahora esa manifestación se multiplicó por dos, tanto para ofrecermela a mi como a Nico. Ahora, díganme ustedes : Como yo, voy a dividir ese sentimiento tal cual decían esos comentarios que me mientras estaba embarazada hablaban desde una realidad muy subjetiva,  muy de cada uno. Díganme  como no actuar de una manera contraria a ellos y no multiplicar mi amor? 


En un corazón de madre, ya sea perruna o de bebés humanos, siempre habrá cabida para un amor leal e infinito por los hijos de la especie que fueren.
El acompañamiento que he podido experimentar por parte de Oli desde que Nico está con nosotros ha sobrepasado mis expectativas, incluso en los despertares nocturnos que desde los primeros días de Nico simple han sido acompañados por ella.

Oli siempre se levantaba con nosotros y a nuestro lado permanecía, siempre esperaba a Nico una gran sonrisa en las mañanas cuando al despertarse ella estaba ahí y en los momentos de juego,siempre fue su mejor opción.
Hoy 18 meses después  Nico no puede tener un segundo sin su “nana” porque así la llama en la abreviación de “hermana” y Oli no concibe siesta en la que no acompañe a su Nico, es algo que desde siempre la ha caracterizado, una compañía tan fiel para Nico como mi corazón una vez imagino y nunca dudó.


Soy orgullosamente mamá de dos. Verlos crecer en compañía, rectificando lo sabia que es la naturaleza cuando puedo dar evidencia de primera mano de la bondad y la unión perfecta entre dos seres que traen un corazón tan puro, tan leal que cuando están juntos observar en silencio tanta armonía, me hace rectificar que a mi vida ha llegado una de las más sabías lecciones siendo mamá, una mamá de dos.
Por último mi invitación es que aunque por estos días todavía falta más conciencia hacia lo importante de respetar y valorar una mascota como un integrante muy importante en la familia y en el hogar, cultivemos desde casa dando lo mejor de nosotros por ofrecérselos e inculcar en nuestros hijos y esas nuevas generaciones la importancia del respeto, el amor incondicional que podemos ofrecerles, ya suficientemente por generaciones estos seres se han encargado de ofrecerlo catalogándose como “el mejor amigo del hombre” frase que en mi caso se queda corta, pues estos seres son la mejor terapia, la mejor compañía, el amor más puro, la lealtad más constante y por ultimo la experiencia que todo ser humano debería permitirse por este paso de su existencia.
Yo una mamá perruna y de un bebé, no cambiaría el título de “una mamá de dos” así muchos se asombrarán al saber que uno de mis hijos es un ser espectacular de 4 patitas.

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