INDUCCIÓN AL PARTO, UNA DECISIÓN NO MUY SENCILLA

IMPORTANTE: Antes que nada quiero aclarar que no soy un profesional de la salud, lo que a continuación van a leer, habla desde mi propia experiencia y mi necesidad. Cada embarazo y situación son diferentes. En caso de dudas consulten con su ginecólogo o ginecóloga de cabecera. 

Si bien se sabe no es recomendable iniciar ningún proceso de inducción ni natural ni por cualquier medio, antes de las 39 semanas y siendo esto así y teniéndolo muy claro, nunca se me pasó por la mente, ni siquiera tener que tocar el tema en mi caso en particular. 

Un balde de crispetas no caería mal para brindar por esta travesía que me toco pasar. 

A la semana 38 de embarazo, tengo mi cita semanal como de costumbre, ya a este punto manejo una gran ilusión porque son pocos los días que me separan de conocer a mi pequeño Nico y vernos frente a frente, esa es la mayor ilusión de toda madre. Estando en la cita la ginecóloga mide mi barriga como de costumbre, al hacerme el tacto se percata que no tengo ningún centímetro de dilatación, yo por primera vez me siento curiosa del peso de Nico, lo cual le pregunto y ella con su mano trata de calcular, dice creer que esta alrededor de las 8 Lb, pero que no está segura.  

Al terminar me advierte que este es un peso muy elevado a este punto de mi embarazo y que me podría ver envuelta en una serie de sucesos a la hora de querer tenerlo natural, pues mi Nico según ella era un bebé macrosomico. Como si no fuera suficiente, me indica que por las medidas que un bebé macrosomico pueda tener al intentar pasar por el canal vaginal podría quedar atorado al llegar a los hombros, lo que se conoce como distocia de hombros, y que a la hora de intentar sacarlo podría ocasionar un problema neurológico, porque todos los nervios que se encuentran de los hombros al cuello van conectados al cerebro. Yo casi me muero!

Este panorama era muy confuso para mí, a parte si le sumamos que todo lo que me decía era en inglés y al no ser mi lengua materna, en casos de confusión me hace sentir el doble de confundida. Para finalizar me advierte que lo mejor es programar una inducción y tener mi bebe por cesárea, créanme que al ella decirme esto me provocaba salir corriendo de ese consultorio. 

Yo asistí con mi esposo a las clases particulares llamadas “lamaze” para prepararnos para un parto sin medicamentos, siempre y cuando ni yo ni mi bebe corriéramos riesgo alguno. Mi mentalidad siempre estuvo dirigida a tener un parto natural (cero medicamentos) sin importar que fuera atendido en un hospital, pero con este pronóstico, me sentía traicionada, no sentía el apoyo de ella, pues no me daba ninguna otra opción cercana a mis deseos. Al final me dice que cuando quiera podemos programar la cita para la inducción, yo me quedo en una sola pieza y me hierve la cabeza, porque a este punto una cosa si tenía muy clara y era la de que ni mi hijo ni yo estábamos en peligro o en ningún riesgo como para que ella diera por sentado la inducción como única opción y que más claro no cantaba un gallo al no tener ni 1 de dilatación, mi Nico todavía no estaba listo para nacer. 

La habitación queda en silencio mientras mi mente trata de digerir tanta confusión, ella se queda mirando y yo le respondo muy tranquila y concisamente, “yo preferiría ver hasta qué punto llega mi embarazo sin ninguna intervención, porque todavía me falta 2 semanas para llegar a término completo”, ella insiste que si tenía claro los riesgos de tener un bebé tan grande y que quedara atorado, yo asentí con mi cabeza, pero por dentro obviamente me mataba el miedo de lo que pudiera pasar. 

Había algo que si tenía muy claro en ese momento, y era de que Nico nacería cuando él estuviera listo. Ella me dice, “entonces ordenaré una ecografía para verificar este peso” yo asentí con mi cabeza y con eso concluyó la cita. Solo quería que me tragara la tierra, me parecía un descaro que a lo último me dijera que verificaría ese peso, habiéndome podido dar esa información antes que lo otro puesni siquiera estaba segura de que ese era el peso de mi bebe. Pongamos algo claro aquí! Y es de que al punto en el que yo estaba de embarazo (38 semanas) ni ella, ni un ultrasonido podrían arrojar el peso exacto de mi bebe, ya que el tamaño y la cantidad de líquido amniótico no dejarían llegar a tal información. El peso exacto de un bebé solo se sabe al momento de su nacimiento, por lo que en el transcurso de este nos basamos en aproximaciones.
 

Ese día me acuerdo que salí hechandole madrazos a esa doctora en mi mente y apenas me monte al carro me desahogue con mi mamá, me llene de temor y de angustia, me sentía desprotegida, fue una confusión de emociones. Yo pensaba tantas cosas, porque al final y al cabo quería lo mejor para ambos, de allí que uno durante varios meses planee la mejor llegada para ese ser que lleva consigo por tantos meses, a eso súmele las ganas de conocerlo, de que todo salga bien y como se ha planeado. 

Los paños de agua fría que use ese día fueron la compañía de mi mamá que gracias a Dios ya había llegado de Colombia, unas donas con café helado y llamar a mi esposo a contarle; les decía que como era posible que desde ya me quisieran sacar a mi bebe sin ni siquiera darle la oportunidad a él de decidir cuando estaba listo para nacer, yo me sentía como si me estuvieran empujando a tener a mi bebe y eso me lleno de mucha más ansiedad e impotencia, me sentí traicionada, porque se supone que uno y su doctor trabajan en equipo. 

Al llegar a mi casa lo primero que hago es buscar varias fuentes para clarificar un poco el panorama en mi cabeza y con la información clara llegar a una conclusión. Con esa búsqueda también me di mucho paños de agua fría, porque al panorama ser claro, entiendo mejor y me percato que estoy pero lejos de estar en ciertas situaciones que ella afirmaba yo tener, pero también por otro lado se generó en mí la duda por no saber en qué iba a parar el nacimiento de mi bebé. 

En medio de toda esta dualidad mi mamá me alienta a que llame a la profesora que nos dio las clases de Lamaze, y que use esa fuente de información a mi favor, para mí tranquilidad, pues al final y al cabo era la única a quien conocía, a parte de los ginecólogos del centro al que asistía con conocimiento de causa y experiencia. Al llamarla y darle una idea del panorama,se quedo así o peor que yo, por los juicios tan apriori que me daba esta ginecóloga y la manera como trataba mi caso, sin nisiquiera brindarme la opción de llegar a mis 40 semanas y ver que pasaba. Me recomendó hacer todo lo posible por permitirle a mi cuerpo hacer lo que él sabía hacer y que junto con caminar y hacer sentadillas ayudará a Nicholas a descender bien en el canal; también me recomendó ir al quiropractico para que ajuste mi columna y use todo recurso que me ayude a agilizar la cosas naturalmente. 

Los días pasaban y en la próxima cita, ya a la semana 39, el resultado de la ecografia dio el aproximado del peso que ella estimó con la medición y sus manos. Ésta cita fue atendida por otro ginecólogo, porque para colmo de males aquí en Estados Unidos es un grupo de ginecólogos los que atienden él proceso de embarazo y cualquiera de ellos la labor de parto, mejor dicho el que esté de turno ese día; no es como en Colombia, que el que atiende todo el embarazo es el mismo que recibe tu hijo. 

Recuerdo llegar muy predispuesta a esa cita, pues entre ellos no se pisan las mangueras y es como un juego de palabras y mostrarles confianza, que como paciente uno se sienta seguro al expresarse y que las cosas salgan en lo medianamente posible como se planeó. 

En mi cabeza repetía, casi toda esa semana antes de ir un monólogo, que locuras en las que lo ponen a uno. Al sentarme y hablar con el me dice yo te voy a dejar llegar hasta el término del embarazo y vamos a esperar que Nicholas nazca para ese entonces, él hablaba de las 40 semanas, ósea en una semana. Y prosigue el ginecólogo, “si Nicholas no nace para ese entonces, tendremos que inducirte tu parto porque la placenta tiene una fecha de vencimiento, siendo riesgoso tanto para él como para ti llegar y que no pase nada a ese punto”, Créanme que con esta última frase me deje convencer de la posible inducción, porque lo que menos quería era que le pasara algo a Nico o a mi. 

Así que quedamos que lo haríamos de esa manera solo si llegábamos hasta esa fecha provista sin ningún cambio. Mientras él me daba las instrucciones para la posible inducción en el hospital, a mí me temblaban las piernas, yo tenía un susto y trague entero. Yo había leído muchísimas cosas acerca de la inducción en los hospitales y no quería ese tipo de procedimiento para nosotros; pues usan pitocin que es la forma artificial de la oxitocina, la hormona que es producida naturalmente por el cuerpo para ayudar a comenzar las contracciones. 

Segun las fuentes consultadas, este medicamento simula esas contracciones a tal escala de dolor que de entrada la paciente pide la epidural casi siempre después del pitocin. Con este panorama mi visión de tener a Nico con cero drogas se desvanecía, porque en el caso de tener la inducción artificial, una cosa llevaría a la otra y terminaríamos sumidos en este cóctel de drogas. Asi que me propuse hacer un plan B por mi cuenta, uno de esos que dejan la conciencia tranquila de haberlo intentado todo y si faltaba poco para el día de la inducción y no pasaba nada, esos serían mis paños de agua fría diciéndome a mí misma que así como debía suceder. 

Al llegar a mi casa me di a la tarea de encontrar la forma más natural para inducir el parto sin tener que pasar por una inducción de hospital. Una a una las fui tachando de la lista; bailé, caminé, subí escalas, hice sentadillas, y la lista seguía, hice todo lo que a muchas mujeres les funcionó para empezar su trabajo de parto sin necesidad de medicamentos, pero nada parecía cambiar o darme luz verde. A este punto, al pensar que lo había intentado todo, como caída del cielo una receta de ingredientes que sin ser medicamentos me pusieron, como por arte de magia a tan solo horas de conocer el otro amor de mi vida y darle la bienvenida a mi tan esperado Nicholas Toledo. 

Fue así gracias a una receta en la que creí desde el primer momento que vi, le doy inicio a mi trabajo de parto sin tener que remitirme a la temida inducción artificial.

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